Las 5 claves de la comunicación asertiva

Una de las cosas que más me llaman la atención es que se da muy poca importancia a la comunicación, de hecho ni nos forman para ello, hasta que de golpe y porrazo te encuentras con un “deberías ser más asertivo” o “deberías trabajar tu estilo de comunicación”.

Nos pasamos la vida aprendiendo millones de cosas, pero una tan básica como es poder comunicarte de forma efectiva pasa por alto hasta que empiezas a encontrar trabas en el camino. Pocas personas nacen con el “talento natural” o ese don para comunicar, la buena noticia es que es algo totalmente entrenable y que, por tanto, mejorará con la práctica.

Entonces, ¿cómo puedo pasar de un estilo de comunicación poco efectivo a ser un maestro de la comunicación asertiva? Con mucho entrenamiento, siguiendo los pasos y teniendo muy muy claro que hay vida entre lo que yo digo y el otro entiende. ¡Vamos con las 5 claves de la comunicación asertiva!

  1. Expón la situación de principio a fin. En nuestra cabeza todo está claro, pero por desgracia todavía no pueden leernos la mente. Cuando hables, mucho más si se trata de feedback negativo o algún problema, asegúrate de dar toda la información sin dar por hecho que el otro sabe de qué le estamos hablando, sea algo bueno o malo.
  2. Ve al grano. Cuando queremos decir algo, lo ideal es hacerlo de forma clara y concisa. Dar mil vueltas sobre el tema y andarse por las ramas solo conseguirá confundir a la persona que nos está escuchando. Además, transmitir de forma directa qué es lo que pasa, cuál es nuestra idea o qué nos molesta, ayuda a reforzar el mensaje y su importancia.
  3. No uses el verbo “eres”. Cuando hablamos sobre otras personas, utilizar “eres” es la peor opción. Lo que soy es lo más íntimo que tengo, algo que no puedo modificar, mi yo más genuino. Si lo que vamos a decir es algo negativo, que nos molesta o que esperamos que el otro cambie, su uso es aún más duro y solo conseguiremos que nuestro interlocutor se cierre en banda. Nadie puede cambiar lo que es, pero si puede cambiar determinados comportamientos y será mucho más fácil que la persona los modifique si no se siente atacada.
  4. Deja claro cuál es el objetivo. A la hora de abordar un problema o hacer una petición, debemos tener muy claro cuál es el objetivo antes de empezar a hablar. Si simplemente nos limitamos a decir qué es lo que no está bien,  traspasamos la responsabilidad de tu malestar al otro sin solucionar el problema. Tener el objetivo claro y no apartarte de él también te ayudará en el momento de la negociación o contraargumentación.
  5. Antes de hablar, controla tus emociones. Mostrar y describir nuestras emociones es una herramienta muy útil a la hora de hacer saber a los demás cómo nos hacen sentir determinadas situaciones. Ahora bien, afrontar una conversación desde el punto más emocional puede llevarnos a herir al interlocutor o a ser demasiado duros con nosotros mismos. Cualquier conversación debe abordarse desde el equilibrio, no es malo tener emociones negativas pero sí actuar dejándonos llevar por ellas.

 

Es importante tener en mente que cualquier conversación, positiva o negativa, debe perseguir el objetivo de mejorar, cambiar o construir. Hacerlo desde esta perspectiva ayudará a enriquecer el diálogo y a tener conversaciones mucho más eficientes.

Como he comentado no es algo fácil, pero con práctica y teniendo claros los objetivos y los límites, podemos llegar muchísimo más lejos.

 

Post 11, reto 100 días.

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