Tras una de las conversaciones más estimulantes que he tenido, en relación a la psicopatología y los tabúes sociales, creo que es imprescindible abrir un debate, el de la educación emocional como asignatura pendiente en nuestra sociedad.

En un mundo hiperconectado, me resulta increíble o paradójica la desconexión cada vez mayor que existe respecto al mundo emocional. Hablamos de empatía, de resiliencia, de tolerancia a la frustración, pero nadie nos ha enseñado qué es lo más básico a nivel emocional, que es el reconocimiento, la vivencia y las atribuciones que hacemos respecto a nuestras emociones, ya sean las más básicas o las más complejas.

 

Tal y como hemos sido educados entendemos que existen emociones (o sentimientos) positivas como la alegría y negativas como la tristeza o el miedo. Al entender las emociones de esta forma, acabamos entendiendo que lo bueno es experimentar emociones positivas y que las negativas deben ser evitadas. Además, y rizando el rizo, no solamente evitamos esas emociones negativas, sino que además nos hacen sentir incómodos cuando los demás las manifiestan, y tratamos de quitarles peso y evitarlas.

Frases tan injustas como “no llores”, “no pasa nada”, “no te preocupes”, no solamente son irrespetuosas hacia la persona que las experimenta e intenta verbalizar, también perpetúan peligrosamente el tabú o la falsa realidad de la felicidad a toda costa o el sentimiento de fracaso por no ser feliz.

Asociamos directamente el miedo a la cobardía, cuando el miedo es la respuesta de defensa natural del cuerpo y es tremendamente adaptativo, asociamos el llanto al malestar y nos incomoda, cuando es una de las principales vías de descarga con las que contamos.  Esas asociaciones y falsas creencias nos convierten en personas mucho más vulnerables, menos hábiles y menos adaptadas, al contrario de lo que podamos pensar.

 

La tolerancia a las propias emociones el principio básico de respeto hacia uno mismo. La imposición de un estado de ánimo positivo constante, sostenido en el tiempo, es totalmente artificial (e insano). Para poder llegar a niveles altos de rendimiento, a alcanzar la felicidad realizando una tarea, encontrar sentido a nuestra misión, alcanzar altos niveles de Engagement o Flow, e incluso ser un buen líder; pasa inevitablemente por el respeto y tolerancia a todos nuestros estados de ánimo, el entendimiento y la elaboración de planes de acción efectivos teniendo en cuenta esos estados emocionales. A partir de esa tolerancia y elaboración, alcanzaremos niveles más altos de autoestima, autoconocimiento, resiliencia y empoderamiento, pero eso sucede si somos capaces de tolerar esa incomodidad y construimos a partir de ella.

 

Post 20, reto 100 días.