¡Feliz año a todos! Por no llevar la contraria al mundo yo también he decidido hacer propósitos para 2017, el primero de ellos es escribir posts variados y relacionados con la actualidad que espero que os gusten. El primero de ellos será el del que sigue siendo, dos días después, el tema de moda: el vestido de Cristina Pedroche en Noche Vieja.

No, no voy a valorar si me gusta el vestido, si me parece bien, mal o regular, si define o no lo que debe ser la imagen pública de la mujer. Me gustaría que analicemos y pensemos el por qué se genera este debate, y vamos a hacerlo a través de la gestión de expectativas, o lo que es lo mismo, qué ha provocado que sea debate nacional.

 

¿Qué son las expectativas y cómo se gestionan?

La definición de expectativa es “esperanza o posibilidad de conseguir una cosa”, es decir, estamos ante la ilusión de lograr un fin u obtener algo concreto, llevamos a cabo determinadas acciones esperando conseguir un determinado resultado; hablamos en cierta manera de un aspecto motivacional. Actuamos en función de lo que esperamos conseguir, en base a un resultado esperado.

Cuando generamos expectativas lo que hacemos es proyectar un resultado deseado a una acción que llevaremos a cabo, o que llevará a cabo otra persona y de la que nosotros veremos el resultado. Para que se cumplan esas expectativas, el resultado debe ser igual o mejor al esperado, pero si se ha inflado esa proyección lo más probable es que el resultado esté por debajo.

Pues bien, con la gestión de expectativas es con lo que la propia Cristina Pedroche y Antena 3 han estado jugando para conseguir altas cotas de audiencia en las campanadas. Se ha cebado durante semanas la incertidumbre acerca de qué vestido podríamos ver en directo y justo antes de comernos las uvas, proyectando en muchas personas un deseo o esperanza de ver algo y que nos empujaría a sintonizar el canal que nos iba a sacar de dudas.

¿El resultado? Totalmente polarizado: ese vestido es amado y odiado con igual intensidad. Para los que lo adoran las expectativas han sido cumplidas, ya sea por verla semidesnuda, con algo que se entiende original o porque ha decidido ir, una vez más, con transparencias. Para los que lo odian, por sucumbir nuevamente a la poca tela, por parecer que iba en bañador, por la cosificación. Todos esperaban algo, pero ante un mismo evento los resultados son totalmente dispares, porque cuando hablamos de expectativas hablamos de subjetividad.

 

Gestión de expectativas en las organizaciones

A menor escala, o de forma menos pública, esta gestión de expectativas también actúa en nuestros equipos de trabajo, en las nuevas incorporaciones, en los cambios de puesto, ante cambios organizacionales, etc. Es por ello que debemos ser muy cuidadosos a la hora de comunicar y hacer seguimiento en estas situaciones para tratar de evitar malos entendidos y crisis derivadas de una mala gestión.

Tenemos expectativas sobre nuestro salario, sobre el comportamiento que debe tener nuestro jefe o nuestro equipo, sobre nuestros compañeros, sobre nuestras tareas y sobre la organización. Poder ofrecer datos objetivos será la herramienta principal a utilizar para que las expectativas que nos formemos sean lo más cercanas a la realidad y así impedir ese desajuste y la consiguiente decepción.

Si todos hubiesemos sabido que el vestido de la polémica era un bañador con estrellas, seguramente no seguiríamos hablando de él.