Es la primera vez que voy a dedicar un post que no habla ni de psicología, ni de gestión de personas, ni de felicidad en el trabajo. No se trata de un cambio de rumbo en el blog, pero si de un gesto que creo es muy necesario. Hoy voy a hablar de La Manada y de todo lo que está generando.

Como cada día, me he dispuesto a leer el periódico mientras desayunaba, pero no ha sido como todos los días. Son muchas las veces en las que leemos noticias terribles en la prensa, pero lo de hoy me ha helado la sangre y ha conseguido que pase el día en un estado que no es habitual en mi: furiosa.

Muchos de nosotros hemos desayunado con los relatos que tratan de contar (de forma macabra, morbosa y amarillista) el terrorífico supuesto delito que tuvo lugar en unos san fermines. Me repugna pensar en lo que pasó, pero por desgracia el problema no quedó allí. Hoy hemos desayunado con noticias, relatos y filtraciones que cuestionan a la víctima y que piden respeto por los supuestos violadores. ¿En serio tenemos que llamarlos supuestos?

El problema va mucho más allá de una violación, como si eso fuese poco, el problema va de cuestionar el relato de una víctima y atribuirle posible culpabilidad, juzgar que no se defendió lo suficiente y, por tanto, dejar entrever que en el fondo no le importaba tanto (de locos), y cuestionar su comportamiento posterior (¿cuál es el comportamiento posterior correcto?). El problema es atribuir a la víctima que no hizo lo suficiente, que se lo buscó, que se lo merece, que no es para tanto, que tan mal no estaría si ha seguido saliendo a la calle, que exagera, que no es para tanto, que se contradice, que no hace, que no lleva, que no cuenta, que no explica, que, que, que… Ya basta.

Atribuir culpabilidad a la víctima de una violación es tan absurdo como decir que te has buscado que te atraquen si llevas dinero en la cartera. Ah, claro, ibas provocando.

Ella no lo buscó.

Si habló con ellos, no lo buscó.

Si anduvo con ellos unos metros, no lo buscó.

Si entró con ellos en un portal, no lo buscó.

Si tenía tanto miedo que no podía abrir los ojos, no lo buscó.

Si estaba tan paralizada que no tuvo ni fuerzas para gritar, no lo buscó.

Ella no lo buscó. Punto.

 

Hablar de los que se hacen llamar La Manada me da asco. Siento el desprecio más absoluto por esa panda de incalificables que días antes decían textualmente “tenemos que buscar una gorda para follárnosla los cinco” “prefiero follarme a una gorda entre los cinco que a un pepino de tía”, entre otras lindeces que no han sido admitidas a trámite, al contrario que unas fotos de la víctima saliendo a cenar con sus padres semanas después.

Esa Manada me da asco, la desprecio, sois diminutos, no sois nada, no sois ni machotes, ni hombrones. Sois mierda.

Hoy quiero hablar de otra manada, de mi manada. La manada que debería estar compuesta por todas las mujeres y hombres que entendemos que el respeto, la dignidad y la igualdad son las normas que rigen nuestro comportamiento. En esta manada, en Mi Manada, hay unas reglas básicas que todos respetaremos.

  • En Mi Manada, no es no.
  • En Mi Manada, si tocan a una nos tocan a todas.
  • En Mi Manada se protege a la víctima.
  • En Mi Manada no te lo has buscado.
  • En Mi Manada no se gritan lo que crees que son piropos, no somos ganado y no se nos trata como tal.
  • En Mi Manada no te lo mereces.
  • En Mi Manada no eres un objeto, ni un pepino de tía, ni una gorda, ni una tetona. Eres una persona.
  • En Mi Manada, si no dices sí, es no.
  • En Mi Manada estamos juntas en esto, nos protegemos, nos ayudamos, no consentimos que se agreda.
  • En Mi Manada no dejamos pasar ni una más.

 

Posiblemente este no es un post que esperar para el blog, pero es un post necesario. Hay días en los que se debe decir BASTA, gritarlo muy muy alto, y dejar tremendamente claro que no se puede someter constantemente al 50% de la población por ser mujer.

No somos invisibles, no somos objetos, no somos débiles, no estamos solas, no tenemos miedo y vamos a hacer algo.

 

Solamente os pido una cosa, pensad en qué manada estáis, qué vais a consentir y qué vais a hacer. Yo lo tengo claro y a ti, compañera valiente, ten por seguro que no estás sola y que nos sentimos orgullosas de tu fuerza y entereza.