Los que me conocéis más personalmente sabéis lo escéptica que soy con determinadas prácticas que tienden más a la filosofía que a la ciencia, y que valoro por encima de todo los datos y la investigación. Hoy os cuento mu historia con el Mindfulness.

Más allá de lo que podía haber leído sobre la práctica de la meditación, fue a través de Jordi (CEO de Habitissimo) que conocí más sobre la aplicación que puede tener el Mindfulness en el desarrollo profesional. Me recomendó desde el inicio la práctica, y me insistía constantemente en que me pusiera a ello, contándome la gran cantidad de beneficios que a él le aportaba.

Servidora, que además de escéptica es cabezota como ella sola, no le hacía demasiado caso. Yo, la del perfil thinking, ¿meditando? No, gracias, no es para mi. Poco después me dio su copia del libro Search Inside Yourself, reconozco que procastiné su lectura más de lo debido, pero dejando de lado prejuicios decidí hacerle caso y dar una oportunidad al tema. Menos mal que lo hice. Creo que no es consciente de lo muchísimo que me ayudó con eso.

A partir de ese momento, mi visión sobre lo que creía algo místico y sin fundamento cambió completamente. La práctica del mindfulness, al menos en lo que a gestión del estrés se refiere, ha sido el punto clave con el que he podido afrontar este último año. Con la mayor carga de trabajo que recuerdo hasta la fecha, la preparación de la boda, afrontar una enfermedad intestinal que me tenía con las fuerzas mermadas y que no hacía más que empeorar con niveles de ansiedad altos, y cursando un máster; reconozco que sin la conciencia de cuidado y la práctica de la atención plena, habría sido del todo imposible.

Lo más relevante que he podido aprender es la importancia de la autoconciencia y el respeto por el yo, tanto en la parte física y corporal como en la parte emocional e intelectual, y la práctica de la atención plena, esto es ser totalmente consciente de las acciones y sensaciones que cada cosa que hacemos tiene en nuestra mente y cuerpo. Tener y respetar pausas y descansos, estimular nuestro cerebro sin sobrecargarlo, eliminar el ruido (todo aquello que no aporta y solo gasta energía) y aprender a aceptar y convivir con todas nuestras emociones, sin etiquetarlas como buenas o malas.

 

Sin duda, mi historia con el Mindfulness ha sido una historia de aprendizajes, de romper barreras y prejuicios, de aprender sobre lo desconocido, darle una oportunidad y poder coger todo lo beneficioso. También de descubrir toda la ciencia y fundamento que guarda la práctica. En próximos posts iré desgranando cada uno de los puntos que aprendí.

 

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