Tienes un nuevo trabajo o es el primero, llega el gran día y… ¡socorro! Lo que se supone que era la situación más esperada se ha convertido en una espiral de ansiedad y preguntas y ahora te enfrentas al gran dilema: cómo sobrevivir al primer día de trabajo.

Que no cunda el pánico, la buena noticia es que todos los que vas a encontrar han pasado por esto con mayor o menor grado de estrés, aunque a ti ahora mismo te parezca que estás absolutamente solo en esto y que vas directo hacia el abismo.

No la ves, pero créeme, tiene solución y toda esta ansiedad puede paliarse con unos sencillos pasos o trucos. Allá vamos.

Los días previos

Has tenido una o varias entrevistas, con suerte en la oficina, así que disponemos de información valiosa que nos servirá para no estar preocupándonos de pequeños detalles que, de pronto, nos parecen montañas. A saber:

  • ¿Qué me pongo? SOS, SOS, SOS, SOS, persona a la deriva. No tienes uniforme ni te han pasado las normas de vestimenta, y ha llegado el día antes de empezar a trabajar. Te sientes perdido, a la deriva, y te enfrentas a ese momento (que hemos pasado todos) en el que no sabes si un traje chaqueta es informal o llevar vaqueros es casi etiqueta.
    ¿Qué llevaba puesto la persona que te entrevistó? ¿Qué llevabas tu? ¿Y los demás? Respira hondo, claro que te acuerdas. Si aún así sigues perdido ves a lo más sencillo: pantalón tipo vaquero azul oscuro (ni rotos, ni parches, ni flecos, ni volantes. Neutro) o tipo chinos y una parte de arriba neutra (camisa o polo blanco, un jersey sin estridencias) y unos zapatos cómodos. Si vistes neutro no te puedes equivocar y no te hará sentir fuera de lugar, por favor, ves cómodo.
  • ¿Qué llevo? Como no sabemos qué material vamos a tener ni cómo se organiza ahí va el quit de emergencia: boli, cuaderno, gafas (si no las llevas siempre puestas), botella de agua, barrita de cereales o snack, pieza de fruta y pañuelos de papel. Mochila o bolso grande y créeme, con esto sobrevives al primer día de trabajo o a perderte en cualquier parte del mundo.
    No te olvides la documentación, el móvil (en silencio) y lleva algo de dinero.
  • ¿Qué tener claro? Horario de entrada, lugar al que acudir, un teléfono de contacto y una persona de referencia (aquella alma cándida que nos acogerá ante nuestro momento de desamparo), equipo al que entramos o tarea que vamos a desempeñar.

Vamos allá, you are in!

Estás dentro, has respirado hondo (hazlo por favor) y ya estás en tu sitio. Te han presentado a tus compañeros y te han dicho qué es lo que vas a hacer.

  • Saca a relucir ese cuaderno hermoso del que hemos hablado antes y apunta. Apunta como si no existiese el infierno, como si se fuesen a agotar todas las letras del mundo, como si no hubiese un mañana. Apuntar te servirá para tener cierta referencia y te ayudará a validar aquello que recuerdes, además te vendrá bien si eres de esas personas que se apuran por “estar todo el tiempo preguntando”.
  • Si dudas, pregunta. Vamos a ver, allí todos han sido nuevos algún día y es mucho más normal estar más perdido que un pulpo en un garaje que estar tranquilo. Vamos, cálmate. Que no te engañen, ellos pasaron por esto.
  • Respira hondo, concentrate y confía en ti. Te han contratado por tus conocimientos, por lo que sabes hacer, por tu potencial. Ahora crees que no sabes ni puedes hacer nada pero seamos realistas, no es cierto. Ha llegado el momento de tomar las riendas y ponerse manos a la obra.
    No te agobies y recuerda, hoy no es el momento de demostrar nada a nadie. El objetivo de esta semana es saber qué tenemos que hacer, con quién y dónde. Invierte tu energía en conocer procedimientos y personas, apunta todas las indicaciones que te den y serénate, tendrás tiempo de demostrar cuánto vales.

 

Después de un día duro…

Descansa y desconecta. Acabas de sobrevivir al primer día de trabajo, has pasado por una situación estresante y te mereces unos mimos. Cuenta y comparte tu experiencia, relájate y ves a dormir pronto para afrontar ese segundo día.

¡Tú puedes!