Cuando hablamos de liderazgo nos centramos en conocimiento técnico, habilidades de dirección, conocimiento sobre negocio y estrategia y, sobre todo, habilidades soft y de gestión de equipos, pero nos olvidamos de una de las cosas más importantes, el bienestar físico y el equilibrio emocional, y de la importancia que tiene el ejercicio físico en ambos.

El trabajo de un líder es enriquecedor, pero también exigente y estresante. En momentos de estrés, nuestro cuerpo está en alerta y preparado para huir. Nuestros músculos, órganos, hormonas y neurotransmisores están preparados para tener una respuesta corporal explosiva, fuerte, intensa; algo muy parecido a una puesta apunto para escapar de una amenaza.

Este estado de activación puede ser útil en determinado momento, pero cuando se sostiene a lo largo del tiempo nos agota y nos conduce a ponernos enfermos. Dolores de cabeza, de espalda, resfriados constantes, problemas digestivos, pérdida de pelo, trastornos del sueño… son solo algunas de las consecuencias que tiene forzar la máquina.

 

Por supuesto debemos poner en marcha todos los recursos que tengamos para mitigar este estrés, pero también debemos ser lo más proactivos y preventivos posible, y eso pasa por una máxima: el ejercicio físico.

Nuestro cuerpo no está preparado para la vida sedentaria y artificial que llevamos. No está preparado para estar en las condiciones en las que lo obligamos a estar: con músculos que se han acortado por la postura, con órganos no entrenados y con una actividad mermada por mala alimentación y hábitos, con un funcionamiento caótico. Tener un cuerpo que no ejercitamos es el equivalente a comprarse un coche de alta gama y no pasar de tercera en autopista, ponerle gasolina de baja calidad y no pasar las revisiones. No nos sorprendamos si de pronto deja de funcionar.

 

¿Qué tiene que ver el ejercicio físico con el liderazgo? Sencillo, si no tenemos la máquina preparada, no podemos dar respuesta a las necesidades del negocio ni del equipo, funcionamos a medio gas y ambos aspectos se resienten, y damos un ejemplo horrible a los miembros de nuestro equipo. ¿Quién va a querer ir por el mismo camino de alguien que sufre y está en malas condiciones?

 

¿Cómo me puede ayudar el ejercicio físico como líder?

  1. Mens sana in corpore sano. Cuando hacemos ejercicio nos centramos en otra cosa distinta y cambiamos el foco, liberando nuestra mente.
  2. Keep calm. Con el ejercicio nos sentimos más tranquilos ya que bajamos nuestros niveles de cortisol y de norepinefrina, asociadas al estrés y la ansiedad. Nuestro cuerpo las absorbe y nos deshacemos de estas malas compañías.
  3. Be happy. Cuando hacemos ejercicio físico nos sentimos más felices y baja nuestra tensión. Esto se debe a que aumentamos las endorfinas, también conocidas como hormona de la felicidad.
  4. El placer es nuestro. Otro de los beneficios del ejercicio físico es la mejora de la autoimagen, lo que nos hace sentir más seguros y aumenta nuestra sensación de eficacia y placer.

 

Uno de los cambios más grandes que yo misma he notado en este último año ha sido precisamente éste. Desde que empecé a trabajar con Tià Coll, al que cito para agradecerle todo lo que me ha enseñado durante este tiempo y de lo que creo que no es consciente (que no es solamente a hacer ejercicios, sino también respetar, retar, mejorar, cuidar y querer nuestro cuerpo) , no solamente he visto cómo obtengo todos los beneficios que os he comentado, si no que además estoy mejor físicamente. Junto a Tià trabajamos entrenamiento funcional, que me ha ayudado muchísimo a ganar fuerza, agilidad y mejorar mi fondo físico, pero también he ganado en seguridad y confianza.

Mis dolores constantes de rodillas y de espalda han desaparecido prácticamente por completo; estoy muchísimo más fuerte y resistente, lo que me hace sentir más ágil y menos cansada durante todo el día y, además, puedo llevar a cabo muchas actividades que antes no podía hacer por no estar en forma.

 

No lo dudes ni un momento, el buen líder es fuertote.

 

Post 30, reto 100 días